En tiempos en que tantas multinacionales optan por la deslocalización y los despidos masivos, resulta que la pequeña y mediana empresa se convierte en unos de los garantes de la ocupación y la sostenibilidad económica en muchos pueblos y ciudades. Bien es sabido que también éstas han sido castigadas por las restricciones crediticias que ejercen las entidades financieras (después de la injustamente resuelta crisis financiera), lo que supone graves problemas a su actividad, pero, aún así la gran mayoría luchan por la subsistencia.
En el turismo, el tejido empresarial está compuesto mayoritariamente por empresas de pequeña o mediana dimensión, que aportan un gran valor social, pues contribuyen enormemente a garantizar la ocupación y repartir mejor la riqueza en el territorio. El trato entre los responsables y el personal es, en estas empresas, más humano y beneficioso para ambas partes. El modelo de gestión tan admirado y mencionado estos días incluso por la prensa internacional (en referencia a su aplicación a la estructura del F.C. Barcelona) fundamentado en destacar los valores humanos y de empresa por encima de los objetivos de alcanzar máximos beneficios, resulta más fácil de implantar en la empresa pequeña y mediana. Sólo la estacionalidad y la colaboración intermitente entre trabajadores / profesionales y empresa, puede truncar esta relación, siendo éste uno de los principales problemas que tienen las empresas turísticas que optan por esta modalidad de funcionamiento a la hora de ganar competitividad. Los valores de empresa necesitan de interacción permanente y de relaciones estables y fuertes entre sus miembros.
En este sentido, se ha comprobado que las redes sociales online consiguen reforzar los lazos entre las personas interesadas en relacionarse alrededor de temas de interés, o de empresas y organizaciones con las que sienten tener un vínculo importante. Dinamizar redes sociales entre el personal, puede ser, también una forma de fidelizar sus creencias en los valores de la empresa y las redes sociales online, pueden ayudar en ello. Como en toda red social, su capital social resulta fundamental a la hora de alcanzar un mayor éxito en cuanto a conseguir los objetivos de cohesión y, a la vez, de incorporar nuevos valores y relaciones que la enriquezcan y la hagan más atractiva. Al igual que un club, el capital humano de una red social supone un valor fundamental para alcanzar un prestigio y un reconocimiento tanto interno como externo. El perfil que se necesita entre el capital humano para poder disponer de un capital social eficiente, varía en función de los objetivos de la red o el grupo social. En organizaciones cerradas que pretenden aislarse y ser muy jerárquicas, se necesitan miembros con alta capacidad de mando y ganarse respeto (incluso, a veces de infundir miedo). Este sería el caso de organizaciones de estilo mafioso. Sin embargo, en organizaciones como los clusters turísticos, el objetivo debería ser el opuesto: conseguir la máxima apertura para atraer al máximo número de interesados que puedan aportar conocimiento para mejorar la competitividad de los miembros (empresas, profesionales, etc.). Para ello, se necesitan miembros con capacidad de intermediar, de hacer de puente entre personas, a la vez que sean capaces de unir, mediante el liderazgo, a los demás miembros alrededor de proyectos creativos y capaces de ilusionar, que todos puedan sentir como propios y beneficiosos.
En un destino turístico, donde el tejido empresarial esta compuesto principalmente de PYMES, la necesidad de vertebrar redes sociales entre sus actores (empresarios, profesionales, administración, ciudadanía e incluso el turista) resulta fundamental para poder mejorar su competitividad y sostenibilidad. El liderazgo, por así llamar-lo, puede partir de la oficina de turismo o el organismo / instituto encargado de la coordinación de la promoción y la dinamización del destino, sin embargo el rol de las empresas es esencial a la hora de conseguir que la dinámica interna sea activa y eficaz, funcionando como líderes intermediadores, capaces de arrastrar a los demás.
Si tenemos en cuenta el valor social de las empresas turísticas, la interacción activa entre éstas en un destino, así como también sus relaciones con los ciudadanos, las administraciones y el turista, pueden ayudar a reforzar la integración de los valores del destino entre sus actores, a la vez que sirve para transmitirlos al turista. En definitiva, las empresas turísticas deben creer en la importancia de su rol social y hacerlo más visible a través de sus relaciones, dinamizándolas y buscando establecer objetivos comunes, a favor de una sostenibilidad de su actividad, con mayor respeto de las personas, mejor defensa y protección del entorno, más integración social y mejores relaciones con el turista.

