¿Se lo has dicho en persona?

Las redes sociales en línea son un mundo lleno de sorpresas, y no me canso de observar y estudiar como las personas convivimos y nos completamos las unas a las otras mientras nos comunicamos con todos los medios posibles.

Uno de los temas que últimamente me ha sorprendido más es la facilidad como hoy se puede leer en las redes sociales  información personal de todo tipo, a veces sin que los protagonistas lo deseemos, bien sea por un despiste o porqué ingenuamente facilitemos información privada a quién no va a utilizarla en nuestro interés. Lo que consigue sorprenderme y me intriga es como y porqué las personas olvidamos la inmensidad de la red y su verdadero impacto cuando escribimos mensajes personales abiertamente, tanto en nuestro muro en Facebook o a través de un mensaje en Twitter, por dar dos ejemplos muy frecuentes.

El impulso por gustar, por ganarnos el afecto y la simpatía de los “imaginados” lectores de nuestros escritos nos hace olvidar la enorme capacidad de difusión que tienen estas redes que ponen al alcance de cualquier observador maligno en cuestión de segundos nuestra vida más íntima. Existen estudios realizados incluso antes de que existieran las redes sociales en línea sobre el efecto de la conexión emocional compartida (McMillan & Chavis, 1986) que atrae las complicidades entre los miembros. De modo que sabemos que si compartimos historias que impliquen a los oyentes, conseguiremos mayor empatía de los mismos. Si explicamos vivencias, opiniones o confidencias personales demostramos una mayor lealtad con nuestros contactos o amigos (y amigas) lo cual refuerza los vínculos con ellos y ellas (Hagel & Armstrong, 1997). En cualquier caso, las conexiones emocionales juegan un papel fundamental en la integración de los miembros de una red y en su participación en la misma. Resulta, pues, evidente que el éxito de las redes sociales se debe en buena parte a dicha integración de los miembros basada en las conexiones emocionales. Sin embargo, no se debería olvidar que no tiene las mismas consecuencias comunicar información personal o intercambiar “chascarrillos” en una red de amistades, acotada y presencial, que en una red abierta y universal como son las redes sociales en línea. Aunque nuestro círculos de amistades, en Facebook, o de seguidores, en Twitter, este dominado por verdaderas amistades, también hay contactos que conocemos poco y la capacidad de que divulguen de manera imprudente nuestros mensajes, es real y puede tener fatales consecuencias.

Explicar, por ejemplo, que estamos de viaje y mostrar las fotos del lugar que estamos visitando nos acerca a los amigos, permitiendo que nos sintamos más próximos a pesar de la distancia, además de situarnos en una posición de prestigio, puesto que hoy viajar es considerada una actividad de persona con éxito en la vida, sobretodo si es un viaje de trabajo. Sin embargo, habrá alguien a quien esta información les sirva para perjudicarnos. Quizás haya quien quiera entrar en nuestro hogar durante nuestra ausencia y les estamos avisando de que tiene una oportunidad para hacerlo. También habrá quien desee utilizar la información de nuestro viaje para demostrar que nos ausentamos de nuestras obligaciones etc. En cualquier caso, hablar de nuestros viajes en vivo, no es una noticia sin consecuencias, que en muchos casos son difíciles de prever y de controlar.

También cada vez mas podemos leer mensajes de tipo personal donde se expresan muestras de afecto hacia determinadas personas, que, a veces han causado más de una ruptura de relaciones por cuestiones de celos. Acostumbran a parecer inocentes declaraciones que buscan más la complicidad y el apoyo moral que no otra cosa, pero, no se debería olvidar que  un lector que no sea muy próximo a las personas afectadas pueda interpretar la declaración de afecto en un contexto diferente. En muchas culturas, sobretodo las de países del norte, manifestar los sentimientos en público resulta de mala educación. Sin embargo, también los internautas de allí, gracias, quizás a la constante escenificación teatral de la televisión, también empiezan a utilizar las redes para enviar mensajes de afecto a sus amistades. Un “te quiero” puede resultar inocente y tierno si se le dice a un hermano/a, a un hijo/a, o a la pareja oficial, incluso a un primo, pero, en cualquier caso la pregunta que uno se puede hacer es: ¿se lo habrá dicho en persona?

No hay duda que hoy por hoy, resulta más fácil comunicarse por la red que en persona. En este sentido, algunos estudios pretendían demostrar que el crecimiento de las relaciones en la red tenía consecuencias negativas sobre la solidaridad en la vida real de la sociedad norteamericana (Putnam, 1995), aunque Wellman (1999) demostrase que dicha afirmación no era cierta ya que un número enorme de asociaciones cívicas y de ayuda social estaban aumentando su eficacia gracias a las redes sociales en Internet. Lo que sí que se viene observando es que existen muchas personas con una intensa vida social en la red y en cambio muy pocas relaciones personales en el entorno real. Sin tener que alarmarse en caer en esta dinámica, quizás deberíamos preguntarnos antes de escribir un mensaje en las redes sociales en línea, si no estaría mejor decirlo en persona. Seguramente, en muchos casos conseguiríamos un efecto más sincero y profundo sobre la persona destinataria y  obtendríamos una respuesta más cálida y enriquecedora, que sólo la información no lingüística puede darnos. Los mensajes digitales tienen hoy un gran potencial comunicativo al poder combinar texto, sonido e imágenes, pero por ahora los “abrazos” virtuales no consiguen el mismo efecto que los hechos físicamente. Una palmadita en la espalda, una caricia, una mirada de complicidad,… tienen difícil parangón en el entorno digital.

About Oriol

Professor dels Estudis d'Economia i Empresa de la UOC Lecturer of the Department of Economics and Business Administration Universitat Oberta de Catalunya - Barcelona- Spain
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